Treinta años después de la guerra, Argentina a la conquista de Londres
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Treinta años después de la guerra de las Malvinas entre Argentina y el Reino Unido, el país sudamericano afronta el reto de la conquista deportiva en los Juegos Olímpicos de Londres, donde se rechazó un boicot o una utilización política para reclamar el archipiélago.
Treinta años después de la guerra de las Malvinas entre Argentina y el Reino Unido, el país sudamericano afronta el reto de la conquista deportiva en los Juegos Olímpicos de Londres, donde se rechazó un boicot o una utilización política para reclamar el archipiélago.
"Están esperando que hagamos cualquier tontería, pero nosotros no mezclamos las cosas", afirmó la presidenta Cristina Fernández recientemente, durante la despedida a la delegación olímpica.
La disputa sobre la soberanía del archipiélago sigue vigente y la cuestión volvió al primer plano informativo, especialmente con motivo de los actos del 30º aniversario del conflicto bélico (2 de abril-14 de junio de 1982).
En febrero, en un acto en Rosario con motivo del 200 aniversario de la bandera nacional, ya se había referido a la perspectiva olímpica.
"Vamos a ir a los Juegos Olímpicos con nuestra bandera argentina orgullosamente levantada", afirmó. "A 200 años de nuestra independencia, subsisten aún enclaves coloniales en 16 países del mundo, uno está en el nuestro, nuestras Islas Malvinas", añadió.
La presidenta no viajó a Londres para la inauguración, pero su ausencia no fue excesivamente llamativa, ya que sólo dos altos mandatarios latinoamericanos, la brasileña Dilma Rousseff y el panameño Ricardo Martinelli, se desplazaron para estar en la ceremonia de apertura olímpica del viernes.
Con motivo de estos Juegos se llegó a rodar un anuncio, impulsado por el gobierno argentino, en el que el capitán de la selección de hockey, Fernando Zylberberg, se entrena en las Malvinas bajo el eslogan "Para competir en suelo inglés, entrenamos en suelo argentino".
El mensaje de la Presidencia argentina, llamado "Juegos Olímpicos 2012. Homenaje a los caídos y ex combatientes de Malvinas", fue emitido simultáneamente a dos meses de los Juegos en varios canales.
El COI lamentó el spot y recordó que la Carta Olímpica prohíbe utilizar la plataforma de los Juegos para cuestiones políticas.
Desde que en enero de 1833 un navío militar británico, el "Clio", tomó el control de las islas, se desencadenó un conflicto entre ambos países que ocupó durante semanas las portadas de todo el mundo con la guerra que estalló en 1982.
La dictadura militar argentina cavó su tumba con aquel conflicto, cuando la flota nacional desembarcó en el archipiélago austral, lo que provocó una contundente reacción del Reino Unido, decidida por la 'Dama de Hierro' Margaret Thatcher.
Finalmente, las islas (Falkland para los británicos) permanecieron bajo el dominio europeo, pero desde entonces Argentina, por vías pacíficas, no ha dejado de reivindicarlas como territorio nacional.
La diputada argentina Rosana Bertone, del Frente para la Victoria, llegó a proponer que el uniforme oficial de los Juegos Olímpicos de Londres incluyera una referencia a las islas Malvinas, como reivindicación pública en suelo el país europeo, algo que no fue bien recibido en Gran Bretaña.
"Eso sería un gran insulto para la gente de las islas Falkland, que tienen derecho democrático a ser británicos", comentó al respecto Andrew Rosinell, del gobernante Partido Conservador del primer ministro David Cameron.
El diputado Dominic Raab, también de los consevadores 'tories', alertó de la posibilidad de que los argentinos transformen Londres-2012 en "un juego político irresponsable".
La prensa británica también se hizo eco de la propuesta de Bertone y de las posibles acciones de protesta desde la delegación argentina: Argentina puede transformar los Juegos en una pelea por las Malvinas", llegó a titular el periódico Evening Standard.
La guerra de las Malvinas provocó la muerte de 649 argentinos y 255 británicos, y las relaciones entre ambos países no se restablecieron hasta el gobierno de Carlos Menem (1989-1999), que visitó a la reina Isabel II en Londres y recibió simbólicamente a miembros de la Casa Real británica.
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