¿Qué lecciones debemos sacar tras el desastre en el Golfo de México?
07:50
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Luego que el 20 de abril la plataforma operada por British Petroleum (BP) en el Golfo de México sufrió una explosión que dejó 11 desaparecidos y una fuga de petróleo que aún no puede ser controlada, las dudas continúan... Aunque a nivel de contaminaciones accidentales la plusmarca mundial la ostenta la tragedia de Chernobil, el desastre ecológico que ha provocado la fuga de crudo rápidamente se ganó el triste récord de ser el mayor del mundo en su género, superando al conocido derrame de Exxon-Valdés.
Santo Domingo.- Luego que el 20 de abril la plataforma operada por British Petroleum (BP) en el Golfo de México sufrió una explosión que dejó 11 desaparecidos y una fuga de petróleo que aún no puede ser controlada, las dudas continúan... Aunque a nivel de contaminaciones accidentales la plusmarca mundial la ostenta la tragedia de Chernobil, el desastre ecológico que ha provocado la fuga de crudo rápidamente se ganó el triste récord de ser el mayor del mundo en su género, superando al conocido derrame de Exxon-Valdés.
Actualmente, se escapan al día cerca de 15.000 barriles y de los que sólo se recuperan alrededor de dos tercios. Con ello, 5.000 barriles de crudo quedan libres, amenazando con provocar un gran daño ecológico en las costas de Louisiana y de otros estados de EE.UU. Aunque se han intentado diversas medidas para terminar con el derrame o anular sus efectos, hasta ahora no se vislumbra el fin del problema como algo próximo.
El desastre de BP constituye un buen caso para analizar dos temas relacionados y que se encuentran de moda en los actuales foros empresariales: gobiernos corporativos y responsabilidad social empresarial. En general, el origen de los problemas relacionados con estos dos temas se encuentra en la disposición o administración de recursos de terceros por parte de un mandante (agente), el cual se enfrenta a lo que se ha denominado "costos de agencia".
En este caso BP dispone de un recurso ambiental que debe cuidar y que pertenece a terceros (las aguas del Golfo de México). Como los costos de contaminar recaen sobre terceros, se puede presumir que el agente, en este caso BP, podría sub-invertir en seguridad, aumentando el costo esperado de un accidente ecológico.
Falta de tecnología
La verdad sea dicha, lo que ha desnudado el accidente del Golfo de México es que actualmente no existe tecnología para resolver las consecuencias de una explosión como la ocurrida, donde se extrae crudo a más de 1,5 km de profundidad. No es la única plataforma que lo hace. De hecho, hay muchas más en el propio Golfo de México que operan a similares profundidades y que probablemente, frente a una contingencia como la ocurrida el 20 de abril, tendrían el mismo problema.
En casos como éste, a los costos ambientales y económicos se le suman los políticos. Katrina para el presidente Bush, el terremoto y maremoto de febrero pasado para la presidenta Bachelet en Chile y el derrame del Golfo de México para el Presidente Obama, se transforman en verdaderos dolores de cabeza, puesto que los votantes siempre esperan más de lo que los gobernantes parecen poder hacer frente a estas catástrofes.
Para amortiguar los costos políticos es esencial encontrar "traseros que patear", como dijo Obama. Así es como en el caso chileno dimos con el Shoa y en EE.UU. se ha pedido que BP ponga a disposición de la autoridad un depósito de
US$ 20.000 millones como garantía de que la limpieza del golfo será cubierta por sus accionistas.
Responsables
Pero, ¿quién es el verdadero responsable de lo ocurrido en el caso de este lamentable accidente?
Como sociedad nos hemos beneficiado de costos de energía que, de no ser por la extracción de crudo en alta mar, serían aún mucho mayores que los actuales. Al no exigir mayores normas de seguridad a través de regulaciones más exigentes y onerosas, nosotros mismos hemos fijado los estándares de operación de actividades riesgosas.
Si queremos que la probabilidad de estos accidentes disminuya, deberemos estar dispuestos a pagar más por la energía y homologar las exigencias para la extracción de petróleo con las de otros proyectos de generación de energía, eligiendo los que marginalmente resulten menos riesgosos para el medio ambiente.
Por otra parte, si se persigue a los que estén más cerca de los problemas hasta la extinción de su patrimonio, ¿quién querrá hacer los trabajos más riesgosos?
Debido a la dimensión de la compañía, el caso de BP ha complicado el rendimiento de la Bolsa de valores británica y de paso las pensiones de las "viudas y huérfanos" del Reino Unido, en un mal momento para los mercados mundiales.
No puede ser esto último excusa para no perseguir la responsabilidad de un comportamiento negligente o doloso, de haberlo. Pero si no se parte por reconocer que somos también todos responsables de lo ocurrido, a través de nuestras propias demandas por normas ambientales y de la disposición de pagar sus costos, estaríamos mirando el problema con parcialidad...
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