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Aprendan del ejemplo

dom, 28-jun-09
09:30
Antiguedad: 262 dias
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Categoría: OPINION, Editorial, + frontpage

 


La democracia representativa, que es el sistema político que rige en nuestro país, tiene como uno de sus fundamentos básicos los partidos.



 

La democracia representativa, que es el sistema político que rige en nuestro país, tiene como uno de sus fundamentos básicos los partidos.

Estas organizaciones son vitales, y tanto es así, que se considera que donde no funcionan o no existen los partidos, simplemente, no hay democracia.

Y es que la democracia representativa tiene como centro de su existencia la participación de los ciudadanos, en mayoría de edad, en los procesos electorales donde se escogen los gobernantes, a diferentes niveles, y los legisladores, que tienen la responsabilidad de  hacer las leyes y servir de control de los actos del poder ejecutivo.

Una democracia con partidos institucionalmente débiles, es una democracia anémica expueta a cualquier infección. Vulnerable a las ambiciones personalistas y al caudillismo.

Si los partidos no son institucionalmente fuertes se solivianta el autoritarismo  y  busca arropar toda la organización con un supuesto liderazgo que no hace más que enmascarar los propósitos del poder personal.

La democracia dominicana, todavía en proceso de salir de una prolongada transición que ya va para casi 50 años, está en estos dias viviendo momentos delicados.

Con solo tres partidos como protagonistas, con uno de ellos desmornándose a la carrera, pero luchando por mantenerse a flote  aún a costa de otro que está en el  poder, marchamos sin pausa hacia el bipartidismo.

Y si es cierto que el bipartidismo funciona bien en países como Estados Unidos, ello no quiere decir que la misma receta funcione en el nuestro, con diferentes niveles de desarrollo económico, social y político.

Cada país tiene sus características y su historia, y estas le son propias, no pueden hacersele injertos foráneos porque el cuerpo social lo rechazaría.

A veces se podría pensar que  nuestros líderes políticos no están conscientes de la responsabilidad que tienen y por esa ignorancia luchan por destruir su propio partido, o el ajeno, sin darse cuenta que al hacerlo están, al mismo tiempo erosionando el sistema democrático y llenando de abrojos el camino hacia la democracia plena, con participación justa y equitativa  de todos los ciudadanos.

Los pueblos son más sabios que los líderes que dicen representarlos, por ello, casi sin que nadie lo sospeche, eligen sus procesos y las formas de adelantarlos  por encima de quienes han pretendido dirigirlos.

El caso de Los Haitises es un buen ejemplo.

 


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