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Editorial/ El mal ejemplo de lo ocurido en S.F. de Macoris

mar, 2-dic-08
06:19
Antiguedad: 1 años
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Categoría: OPINION, Editorial, + frontpage

 


Los pleitos, las trifulcas entre jugadores, son normales en los deportes de competencia. El beisbol no es una excepción.



Los pleitos, las trifulcas entre jugadores, son normales en los deportes de competencia. El beisbol no es una excepción.

En los campeonatos de beisbol de nuestro país han ocurrido pleitos memorables entre los peloteros.

Lo que no había ocurrido antes es que los fanáticos participen en las trifulcas de los jugadores. Los pleitos entre peloteros son del momento. Para ellos es algo transitorio y  terminar el partido también terminó el disgusto. Al intervernir los fanáticos  el sunto toma otro cariz y se convierte en una cuestión de órden público.

Lo ocurrido en San Fracisco de Macorís el pasado sábado, donde  los fanáticos lanzaron botellas y otros abjetos contudentes sobre los peloteros del equipo Licey y estos respondieron tirando con fuerza pelotas hacia el público con un saldo de más de diez peloteros lesionados y varios fanáticos con golpes de consideración, algunos han requerido intervención quirurgica, es inadmisible.

La seguridad en los estadios es  una responsabilidad de la Liga Dominicana  Domicana de Beisbol  la cual  maneja un negocio privado que funciona con apoyo del Estado. La responsabilidad de la Liga en este caso no debe ser evadida por sus dirigentes. Esa entidad está en el deber de aplicar sanciones drásticas, ejemplares, a quienes por las razones que sean, permitieron la participación de los fanáticos en un pleito entre peloteros.

La violencia no es ni deber  ser nunca parte del deporte. La gente va a los eventos deportivos en busqueda de esparcimiento, y debe encontrar ese esparcimiento en un ambiente de sanidad fisica y mental, con la necesaria garantía de que está en un lugar donde su integridad fisica no corre ningún peligro.

El estado de inseguridad y violencia que arropa  a la sociedad dominicana no puede ser trasladado al campo deportivo, que es, a final de cuentas, uno de los pocos espacios que todavía quedan, donde la gente puede ir a escapar por unas horas de su agobiante realidad cotidiana.

Que no se repita nunca más lo ocurrido en  San Francisco de Macoris.


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