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Los hijos de Isaac y Rebeca

vie, 12-sep-08
09:35
Antiguedad: 8 años
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Categoría: RELIGION, + frontpage

Por Milton Tejada C.


Esaú y Jacob, dos hermanos mellizos. Las lecciones de una familia en donde hay confrontación entre hermanos, favoritismo, trampas y perdón.



Milton Tejada C.


Isaac, hijo de Abraham, casado con Rebeca, es uno de nuestros antepasados en la fe. Si Abraham es nuestro Padre en la fe, Isaac es su continuador. Y este matrimonio tuvo dos hijos, mellizos: Jacob y Esaú. Hoy vamos a entregarte algunas ideas a partir de la lectura de Génesis 25-33. Las lecciones de una familia en donde hay confrontación entre hermanos, favoritismo, trampas y perdón.


NACIMIENTO.

 

Los  propósitos de Dios no siempre se realizan de acuerdo a los esquemas humanos. La lógica puede quedar corta. Eran mellizos, pero en la lógica judía –y probablemente en toda lógica humana- el mayor era el que sacaba la cabeza primero del vientre de su madre. Ese fue Esaú. Sin embargo, Dios decide conceder la progenitura al menor, a Jacob. Es una primera lección, una lección acerca de la gracia de Dios.

 

            Esto también es válido para nuestras vidas. Pretendemos vivir en obediencia a nuestro Señor, Jesús. Sin embargo, muchas veces somos dados a determinar de modo férreo, rígido, cómo ha de vivirse la buena noticia.

 

VENTA DE LA PROGENITURA.

 

La progenitura significaba, antes que nada, liderazgo. Era el sacerdote de la familia. Además, era el depositario de la promesa de Dios a Abraham. Significaba lo espiritual. Es la elección de Jacob. Esaú menosprecia este tema. Jacob, el que atesora lo espiritual. Su lucha con el ángel es también un símbolo de arrebatar una bendición espiritual.

LA BENDICION y EL ENGAÑO.

 

La progenitura significaba lo espiritual, la bendición significaba riquezas (Gn 27:28-29). Esaú desprecia el "liderazgo espiritual", pero persiguió la bendición (riquezas) algo que usaría Jacob en el proceso de reconciliación).

 

Se presenta aquí a Jacob como el engañador. En hebreo, Jacob significa “el que agarra el talón”, aunque en sentido figurado significa “el que suplanta”, “el que engaña”. Jacob, presentado como el engañador, también fue engañado, una confirmación de la Ley de la Siembra y la Cosecha (engañado por Labán, su suegro, y engañado por sus hijos, quienes le mintieron sobre lo que había pasado con José).

 

Sin embargo, esta fue una actitud que Jacob aprendió de sus padres. Isaac presentó a su esposa Rebeca como si fuera su hermana. Leamos Gn 26:6-7, en donde se nos dice: “Isaac se quedó en Guerar. Y cuando la gente del lugar le preguntaba a Isaac acerca de su esposa, él respondía que ella era su hermana. Tan bella era Rebeca que Isaac tenía miedo de decir que era su esposa, pues pensaba que por causa de ella podrían matarlo”.

Jacob arrebató su bendición primera. Una hermosa bendición. Sin embargo, Isaac luego bendeciría a Jacob de nuevo y de modo voluntario, como reconociendo el propósito de Dios en la vida de su hijo. Así lo leemos en Gén 28. Jacob pelea permanentemente su bendición. Lo hace con su padre y lo hace también cuando lucha con el Ángel de Jehová, a quien “no suelta” hasta que es bendecido y se le cambia el nombre.

 

DOS PUNTOS DE VISTA.  

 

Jacob y Esau tienen su vista puesta en lados opuestos de la vida. Para Jacob, lo espiritual es fundamental; para Esaú, lo material... Esaú, el que atesora tesoros en la tierra. Y nos dice el evangelio: donde está tu tesoro está tu corazón.

En Heb 12:14 se llama a Esaú "profano" en el sentido de que toma las cosas de valor espiritual muy a la ligera ... Es el que prefiere las cosas de este tiempo en lugar de las cosas eternas. ¿Qué tipo de cristiano soy yo? ¿Dónde, en las elecciones de cada día, está mi preferencia?

 

Hemos de recordar que no siempre es posible rectificar nuestros errores. Existe esa esperanza, pero es pura gratuidad, misericordia de Dios. En Heb 12: 16-17 se nos dice que, aunque Esaú quiso rectificar, no tuvo oportunidad para el arrepentimiento, la marcha atrás. La progenitura implicaba ser el jefe de una familia en la fe, un pueblo especial y Santo, y eso no le importó a Esaú.


ESAU, EL QUE PERDONA

 

Luego de haberle arrebatado la bendición a Esaú, Jacob tuvo un camino: la huida. El miedo le inundó. Es el enemigo número uno del ser humano, el miedo. No es, por ejemplo, la muerte, sino el miedo a la muerte. No era el carácter violento de Esaú, sino el miedo al carácter violento de Esaú. Y ese miedo se sustentaba, en este caso, en que había hecho el mal.

Jacob, obligado por las circunstancias, retoma el camino del retorno a los predios de su hermano. Sabiduría humana, envía un mensajero tras otro, con regalos. Busca ablandar lo que el supone que debe ser la ira de Esaú. Las noticias no le parecen buenas: viene acompañado de 400 hombres. “Jacob sintió mucho miedo, y se puso muy angustiado” (Gn 32:7).

Y Jacob acude a lo que debe acudir todo ser humano en estas condiciones: a la oración. Con humildad: no soy digno de la bondad y fidelidad con que me has privilegiado, dice Jacob al Señor. No es suficiente. Luego de enviar un regalo tras otro, un mensajero tras otro, Jacob se queda solo (Gn 32:24) y lucha con Dios. Se aferra a Dios como alguien a punto de naufragar se aferra a un salvavidas. Le pide su bendición y Dios, el Dios de las promesas que se hacen realidad, la plasma en un cambio de nombre: “Ya no te llamarás Jacob, sino Israel” (Gn 32:29).

            Y es el día del encuentro. Jacob se sostiene, pero sigue su temor. Se postra ante Esaú “pero Esaú corrió a su encuentro y, echándole los brazos al cuello, loa brazó y lo besó. Entonces los dos se pusieron a llorar” (Gn 33:4). Es la reconciliación. La confianza rota ha sido restaurada y así lo declara Jacob: “lo importante es que me he ganado tu confianza”. El agraviado, Esaú, ha perdonado.

 


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